Un estudio dirigido por el
profesor Gavan Fitzsimons, en la Universidad de Duke, nos dice por qué solemos
pedir lo que más engorda cuando vamos a un restaurante. Según nos dice, existen
dos aspectos que influyen especialmente: la configuración de la carta y el físico
de los camareros. Al parecer, si entre la oferta
de platos vemos algunos saludables, nuestro traicionero subconsciente lo toma
como vía libre para comernos cualquier cosa del menú. La relación es tan clara
como absurda: si la ensalada es sana; la hamburguesa que viene debajo, también.
El hecho de comer peor en
un restaurante, también está relacionado, como decíamos, con el físico de los
camareros. En el estudio se comprobó que las mujeres que se encontraban a
dieta, se identificaban con la camarera gorda. Y en un acto que podríamos
calificar de autodestructivo, pedían platos peores. De hecho, hacían más caso a
las recomendaciones de estas camareras que a las de otras.
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